DE LOS OBJETIVOS DEL MILENIO (ODM) A LOS OBJETIVOS DE DESARROLLO SOSTENIBLE (ODS), QUE ES LO QUE VA A CAMBIAR EN TERMINO DE VERDADERO DESARROLLO ECONOMICO SOSTENIBLE

En septiembre de 2000, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración del Milenio que define a la ayuda de objetivos e indicadores ocho objetivos del milenio para el Desarrollo (OMA) a alcanzar en 2015 y basados en los objetivos definidos en 1996 por la OCDE en su programa de desarrollo para el 21ª siglo. La adopción de estos ODM respondía a una sucesión de conferencias y cumbres de las Naciones Unidas, organizados a lo largo de la década de 1990, desde la Cumbre de la Tierra (1992, Río) en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación (1996, Roma).

La Declaración del Milenio y los ocho ODM (1.Reducir a la mitad la pobreza extrema y el hambre 2. Asegurar la educación primaria para todos 3. Promover la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer 4. Reducir de dos tercios la mortalidad de niños menores de 5 años 5. Mejorar la salud materna en tres cuartas partes 6. Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades 7. Garantizar un desarrollo sostenible 8. Crear una asociación mundial para el desarrollo) eran en cierto modo una recopilación de los compromisos asumidos en estas diferentes cumbres sobre los distintos sectores prioritarios del desarrollo.

Sin embargo, varios objetivos habían sido revisados a la baja mientras tanto. En efecto, mientras que las Cumbres de Copenhague sobre la Pobreza (1995) y de Roma sobre la Alimentación (1996) habían fijado como objetivo reducir a la mitad el número de personas que padecen la pobreza extrema y la malnutrición, los objetivos del milenio no tenían más que una reducción de la mitad de su proporción.

Representaban la más ambiciosa tentativa jamás realizada por la comunidad internacional de unirse para perseguir objetivos de desarrollo bien definidos. Aunque estos objetivos han sido criticados por algunos como demasiado vagos, es preciso constatar que ‘han permitido’ el alcance de varios resultados impresionantes. Esta iniciativa había conseguido dar, durante los últimos quince años, un marco y una orientación a las intervenciones de los gobiernos, de la sociedad civil y de la comunidad internacional de los actores del desarrollo.

Estos objetivos, debían alcanzarse en 2015, se referían a los principales retos sociales del desarrollo. Sin embargo, a pesar de algunos progresos, la mayoría de los objetivos n’estaban enfermos y sólo la meta para la reducción de la mitad de la extrema pobreza en el mundo tenía en 2015. Y aún esto no es posible que a raíz de los resultados obtenidos por la sola China, sin lo cual el número de pobres habría seguido aumentando de 36 millones entre 1990 y 2005.

La tasa de escolarización primaria también ha aumentado, pero en detrimento de la calidad de la enseñanza. En cambio, los resultados en términos de salud materna, alimentación y de saneamiento han sido muy decepcionante, mientras que el impacto de la crisis financiera ha agravado la situación sumergiendo 64 millones de personas adicionales en la extrema pobreza.

Si los objetivos del milenio no han sido alcanzados, es en parte porque los países industrializados no han cumplido sus compromisos en términos de financiamiento del desarrollo compilados en el octavo objetivo del milenio que pretendía establecer una alianza mundial para el desarrollo.

También, una treintena de países pobres muy endeudados que recibieron alivio de deuda, que han permitido a estos países mejorar sus indicadores macroeconómicos, no ‘han hecho una gestión eficaz y eficiente del dinero público y las crisis políticas repetidas han empeorado la situación social y económica de la mayoría de estos países.

Pero la falta de financiamiento internacional no explica todo. Es, sin embargo, curioso que los países de Asia oriental y sudoriental, que registraron los mejores resultados son precisamente aquellos que no dependen de la ayuda y alivio de deuda. Estos países tienden a financiar su desarrollo, movilizando su ahorro interno y efectuando una integración estratégica en el mercado mundial, con el fin de diversificar su economía, fortalecer sus capacidades productivas y de crear empleo.

En cambio, una gran mayoría de los países africanos son ampliamente siendo dependientes de la ayuda externa y los ingresos de exportación de materias primas de bajo valor añadido. Sin embargo, África no carece de ahorro, pero es masivamente desplazado fuera del continente de forma ilícita. En efecto, la fuga de capitales de África desde 2001 ha representado dos veces el importe de la deuda externa de África.

Como lo resume el informe de las Naciones Unidas sobre los ODM: “Las políticas comerciales e industriales deben apoyar los sectores y actividades dinámicas en términos de crecimiento de la productividad y la creación de empleos decentes caracterizados por salarios altos y una seguridad de empleo “.

Sin duda, la principal debilidad del enfoque de los objetivos del Milenio fue el hecho de que se focalizaba sobre los objetivos sociales, y ponian enfasis solamente sobre las síntomas de la pobreza y no sus causas económicas.

Como lo señala en la página oficial del PNUD, entraron en vigor en enero de 2016, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) seguirán a orientar las políticas y el financiamiento del PNUD para los próximos 15 años. Como rector en materia de desarrollo en el seno de las Naciones Unidas.

A mi juicio los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Acabar con la pobreza, Cero hambre, buena salud y bienestar, educación de calidad, equidad de género, agua potable y saneamiento, energía limpia y asequible, Trabajo decente y crecimiento económico, industria, innovación e infraestructura, desigualdades reducidas, ciudades y comunidades sostenibles, consumo y producción responsables, lucha contra el cambio climático, vida acuática, vida en la Tierra, Paz y Justicia instituciones eficaces) Representan un marco de desarrollo económico más completo que los objetivos del Milenio. Sin embargo, su implementación deben tener en cuenta las deficiencias locales en términos de buena gobernanza, de rendición de cuentas, de imputabilidad y de adopción de políticas nacionales para la defensa de los derechos de las mujeres.

Para terminar y para no repetir los mismos erores cometidos con los ODM, tendremos que inspirarnos de lo que se ha hecho en el Asia Sudoriental en la aplicación de los ODM para realmente esperar un impacto positivo social y económico de los ODD?

O habrá que establecer un marco indispensable para la aplicación de los ODD dependiendo de contextos locales de cada país para lograr un verdadero desarrollo económico sostenible?

Brice Mebieb

 

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